Crónica: Lidia Reche
Fotografías: Dani Marzo
Un dos tres… a la tercera fue la vencida. Después de tocar la gloria con las yemas de los dedos en dos ocasiones con el equipo masculino y perder en dos finales épicas, han sido las chicas de Molière las que han llevado por fin el ansiado Estandarte a las vitrinas de los Gallos. Un triunfo histórico que tuvo ese punto agónico que tradicionalmente caracteriza a Molière en su relación con la Copa Colegial y que necesitó nada menos que de dos prórrogas para doblegar a unas Romareda Rinos que se quedaron en la orilla por segundo año consecutivo.
Lycée Français Molière estaba dispuesto a hacer historia. Y vaya que lo han hecho. Las chicas sabían que no era fácil batir al ocho veces campeón de la Copa Colegial, Romareda Rinos, y en un partido durísimo y de un nivel muy alto no fue hasta la segunda prórroga donde consiguieron hacerse con su primer Estandarte.
El camino de Gallos Molière no ha sido para nada fácil en esta competición, pero este equipo ha demostrado que con garra, corazón y valentía podían llegar hasta donde ellas quisieran. Y es que, aunque han batido a todos y cada uno de sus rivales con gran solvencia, se han enfrentado a míticos equipos como Montal Calasanz, campeón de la Copa Colegial 2025 y terceras de España en la competición Nacional y a Romareda Rinos, que nos han estado dando una auténtica cátedra de lo que es el baloncesto, jugando en equipo y demostrando por qué eran uno de los favoritos de la competición.
Un primer cuarto apretado, 15-11 para las chicas dirigidas por Rosana Ralla, nos dejaba entrever que ningún equipo quería perder la oportunidad de levantar el Estandarte con su afición. Y es que no era para menos. Más de medio millar de personas se dieron cita en el pabellón de Romareda para animar sin cesar a ambos equipos con trompetas, bocinas e incluso banderas para motivar a sus chicas.
Un intercambio de canastas de la mano de Celia Borque y Alicia Lobera lograron mantener el marcador a raya y evitar que las locales ensancharan su ventaja. Las Reinas de Copas querían demostrar su talento ante Molière y es que solo podemos decir: ¡pon a una Inés Viela en tu equipo! Porque es sinónimo de valentía, actitud y versatilidad de cara al aro, con grandes destellos de calidad jugando sobre reversos o reboteándose a sí misma consiguiendo así sumar a su cuenta personal un total de 12 puntos y 11 rebotes, alcanzando un doble-doble y demostrando un gran nivel, no solo en este partido sino durante toda la competición.

Pese a ello, las pupilas de Antonio Sierra, dominaron ligeramente el cuarto con una impresionante Celia Borque que lo daba todo tanto en ataque como en defensa. Y es que tu equipo puede estar muy tranquilo si una de tus jugadoras es como ella, dominando la zona, defendiendo a las mejores jugadoras del equipo contrario y siendo muy relevante en todas y cada una de las jugadas del partido ya que todos y cada uno de los balones pasaban por sus manos. Finalmente, el marcador reflejaría un 25-24 fruto del esfuerzo impresionante de ambos equipos, yéndonos al descanso con una profunda incertidumbre sobre quién se llevaría la final y consigo, el billete a Granada.
Dio inicio un tercer cuarto algo espeso para ambos equipos, con elevado desacierto de cara al aro, especialmente de Molière, ventaja que no supo aprovechar Romareda. Y es que fue el breve pero significativo mensaje por parte de la entrenadora de Molière, María Laseca, a una de sus jugadoras, invitándola a sonreír pese a los errores, lo que actuó como chispa emocional, contagiándolo al resto del equipo tras hacerse eco por el resto de las jugadoras, cambiando por completo la dinámica del cuarto y encadenando muy buenas jugadas que terminaron en canasta, con Alicia Lobera capitaneando a las suyas y firmando así un parcial de 0-12 que dejaba en el electrónico una diferencia de 11 puntos a favor de las visitantes y ponía así la final viento en popa para Molière. Porque de esto trata el baloncesto: de disfrutar, de compartir, de sonreír y de hacer que esa alegría se contagie al resto. Más allá del marcador y del resultado final, es este espíritu lo que da realmente sentido al juego porque lo que se comparte en pista siempre trasciende de cualquier resultado.
Fue entonces cuando dio comienzo el cuarto, pero no último cuarto, con Rinos saliendo con las pilas recargadas y con otra mentalidad completamente diferente. Justo cuando más las necesitaban comenzaron a brillar las estrellas de Romareda, con Carmen Sobrino, Cristina Hernández e Inés Viela liderando el equipo, principalmente desde la línea de tres, dando oxígeno a su equipo y consiguiendo una remontada que parecía imposible al principio del cuarto, empatando el partido a 43 con un impresionante 18-7 de parcial dejando a Molière con el partido a merced de las locales y firmando unas muy justas tablas que daban oportunidad a ambos equipos de tapar agujeros y reestructurarse en defensa.

Dos prórrogas fueron necesarias para obtener el ganador del partido y es que el desenlace confirmó lo que habíamos estado viviendo durante todo el encuentro, máxima igualdad y un baloncesto digno de admirar. Ambos equipos, desde los entrenadores y jugadoras hasta los aficionados, demostraron lo que es el sentimiento por la Copa Colegial: lucha, entrega, talento y carácter, sin rendirse en ningún momento y manteniendo la tensión propia de una Gran Final.
El partido acabó decantándose hacia el lado de Lycée Français Molière, con un 46-51, como ocurre en encuentros de este nivel, por pequeños detalles o por acciones decisivas en los momentos justos. Sin embargo, la realidad es que el guion podría haber sido otro, porque ambos equipos demostraron lo que es creer de principio a fin y lo importante que era para ellas ganar esta competición.
Nuestra más sincera enhorabuena a ambos equipos y en especial a Molière, que se ha llevado la gran final y que ha demostrado tener más que un equipo, porque este colegio ha evidenciado estar formado por un gran grupo humano, comprometido con el baloncesto y volcado en la competición. Un ejemplo de que cuando hay unión, entrega y amor por lo que se hace, los resultados acaban llegando. ¿Y ahora qué, chicas? Ya tenéis vuestro primer estandarte, entonces… ¡nos vamos a Granada!


























































































































































































